¡BLAM BLAM BLAM BLAM BLAM!
¡Alguien tocaba la puerta tan fuerte que hizo que a Cerdo le salieran lágrimas! Corrió a atender la puerta, abrió y se encontró con una pequeña tortuga llamada Mauricio.
"Tengo un coco," dijo Mauricio.
"Esta muy bonito," respondió Cerdo.
"Quisiera unos cuantos más,” replicó Mauricio, “Y tengo ua moneda de oro también."
Cerdo solo suspiró.
Fueron a donde estaba la caja y Cerdo dejó que Mauricio lanzara su coco dentro. La caja se movió y cayó de lado y de ella ¡VEINTISIETE COCOS SALIERON!
"Y-a-j-u-u-u." exclamó Mauricio muy despacio.